En una región urbana de Suth África se encontraba un abogado mediocre sin mucha experiencia que había estudiado en una universidad privada poco reconocida. Era una persona con unos ideales bien definidos y se interesaba constantemente por las cuestiones sociales y humanitarias.
Un buen día decidió que con su trabajo no quería defender ninguna injusticia, ni tan solo en favor de sus propios clientes. Estaba radicalmente en contra de la mentira y su vocación era mediar y resolver los problemas de la forma mas justa para todas las partes implicadas, incluso, la de sus contrincantes en el pleito.
Por este motivo cada vez que alguno de sus clientes le mentía, automáticamente suspendía su defensa. Incluso en una ocasión, uno de sus clientes había puesto una demanda porque aparentemente, uno de sus trabajadores le había robado dinero de la caja registradora de su comercio. Pasados unos meses, cuando ya había ganado el juicio, se supo que la intención real de su cliente fue la de echar a su trabajador sin indemnizarle e inventó todo lo del robo. El abogado, al enterarse de tal injusticia, y para sorpresa del gremio de abogados, comunicó automáticamente al juez lo que había sucedido. El juez modificó la sentencia en favor del trabajador acusado injustamente y en contra de su cliente.
De esta forma, de apoco, sus clientes siempre decían la verdad y esto los jueces lo sabían y respetaban. Con los años se convirtió en un abogado justo, con clientes justos que participaba en juicios justos! Pero lo mejor del caso, es que su estilo se expandió dentro del gremio generando buenas relaciones en toda la región hasta el punto de que los jueces dejaron de juzgar y se dedicaron a educar en el arte de mediar, asesoraron a políticos...
En definitiva, en un mundo como aquel, juzgar, dejó de tener ningún sentido!
(cuento inspirado en la Autobiografía de Gandhi)
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